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Ensayo | ESPAÑA | 27 mayo, 2011 20:30

La defensa de los valores democráticos es clara en este libro, pero su eje se centra en la concepción democrática actual definiendo mediante hechos históricos y argumentos que la democracia no es exclusiva de un pueblo, realizando así­ una crí­tica a la imposición de estas por una el mundo occidental.

En su primer texto –œLa democracia y sus raí­ces–, el autor hace un repaso histórico a la vida de la democracia desde sus formas más primitivas y da a conocer muchos datos intrigantes sobre el origen de ella.

La concepción occidental de la democracia esta bien definida en la Grecia clásica, pero según Amartya las bases democráticas se han practicado por todos los continentes, haciendo hincapié en la historia de la democracia india.

Aunque se pueden considerar partes democráticas importantes en los diferentes regimenes que gobernaron estos paí­ses, tales como una libertad de expresión velada o participación polí­tica, estos sistemas no contaban con una forma de gobierno plenamente funcional y democrática como la que rigió en la antigua Grecia.

Es esencial tener en cuenta que los valores democráticos no son exclusivos de occidente, ya que mucho antes de la plena forma de gobierno griega, las bases democráticas ya habí­an arraigado en diferentes civilizaciones presentando formas de gobierno muy dispares e hibridas de otras.

La exclusividad de la democracia occidental es sin duda su estructuración y diseño para el funcionamiento, que no fue perfilado completamente por la democracia griega, sino que fue una evolución que fue añadiendo nuevos componentes y premisas hasta la actualidad dependiendo de las circunstancias coetáneas.

Es el punto de la adaptación de la democracia a los diferentes ambientes circunstanciales la principal crí­tica a la imposición de la democracia por otros paí­ses. La democracia debe estar respalda por una base propia de cada paí­s para su éxito, así­ que una imposición en condiciones desfavorables a ella provocará un fracaso, un ejemplo claro serí­a la actual situación de Irak.

La defensa de la democracia esta basada en la superioridad de sus valores y esta es la razón de su imposición por parte de unos paí­ses a otros que carecen de ella. Pero esto no es un argumento válido, ya que como se explico anteriormente, las circunstancias de un paí­s son diferentes al resto e influyen gran cantidad de factores.

La democracia no implica ninguna mejora de las condiciones de vida de un paí­s ni un mayor desarrollo económico. Ni si quiera un apoyo a ella, ya que en determinadas condiciones el pueblo, dueño de la soberaní­a nacional, puede preferir bienestar económico o seguridad antes que una democracia prefiriendo incluso otras formas de gobierno.

Los valores de la democracia procuran un entendimiento de todas las partes en un marco de seguridad para así­ conseguir un objetivo común o llegar a un acuerdo respecto a una determinada materia. Este acuerdo debe ser respetado por todas las partes implicadas aunque no defiendan sus intereses cercanos.

Y es este –œrespeto– lo que hace a la democracia superior a otras formas de gobierno, ya que independientemente de que cuente con una legitimación común y un carácter igualitario, es el respeto de las decisiones acordadas o votadas lo que le hace estable en el tiempo.

La capacidad democrática de definición de derechos y deberes también es uno de los pilares básicos de la democracia. Esta caracterí­stica procura estabilidad en la sociedad ya que fuerza unos cimientos de desarrollo común para un entendimiento en el debate y la toma de decisiones. Es por lo tanto un rasgo caracterí­stico de toda democracia que extrapolado a una sociedad sin un consenso sobre la aplicación de estos términos puede llevar al fracaso.

Otra virtud de la democracia es su capacidad de debate, valor importante en las antiguas culturas, que brinda un amparo en multitud de campos que podí­an ser excluidos ante una autoridad hegemónica. El debate de las partes afectadas, su participación en la vida polí­tica y el respeto hací­a su postura procuraran una mejora de condiciones y que cada rasgo o deficiencia más particular del sistema democrático sea tenido en cuenta, aunque esto no quiera decir su solución.

Pero al ser la democracia actual una lucha de partes interesadas, sino existe esta concepción de respeto entre todos los individuos que forman el sistema democrático este fallará. Un claro ejemplo son las democracias jóvenes de ífrica, ya que existen formas democráticas que fallan continuamente debido a la polarización de las diferentes partes por sus intereses divididos y antagónicos provocados por factores económicos y sociales.

Este caso no es nuevo, ya que en la Europa de entreguerras muchas democracias fallaron dando lugar a la Segunda Guerra Mundial en parte por la inestabilidad arrastrada de la Primera Guerra Mundial.

Por lo tanto la democracia no tiene por que contar con un respaldo y un éxito arrollador allí­ donde se aplique, su éxito depende la concepción de sus ideas y la magnitud de los factores que generaran su asentamiento y buen funcionamiento. Si estos factores no se cumplen la democracia podrá fallar incluso más rápido que su gobierno predecesor.

Actualmente no cabe una idea de la democracia sin una perspectiva global de la multitud de procesos que se están dando a lo largo del mundo, la llamada globalización esta estrechamente relacionada con la idea democrática y su aplicación.

La globalización ha resultado beneficiosa a la humanidad ya que supone una intercambio de ideas a nivel mundial lo que ha favorecido el desarrollo de todas las culturas por influencia unas de otras.
La principal crí­tica a la concepción actual de globalización es, como se señalo antes en la concepción de democracia actual, la exclusividad que adquieren determinadas culturas en relación a la posesión de determinadas ideas como propias.

Este no es más que una concepción actual, ya que si se remontan a la historia de estas ideas estas no son tan exclusivas de una cultura, sino que son fruto de la mundialización que antaño favoreció su difusión e incluso mejora.

Por lo tanto la globalización no debe ser un objeto de confrontación entre culturas por la propiedad y superioridad para la imposición de determinadas ideas, sino que debe ser un instrumento de intercambio y mejora de ideas para un beneficio común.

Así­ como la globalización presenta beneficios explí­citos en determinadas áreas como la del conocimiento, la principal crí­tica a ella se sustenta en la globalización económica. Este tipo de globalización acarrea beneficios y problemas que pueden ser visto desde diferentes puntos de vista pero que solo tienen un explicación común que desvela su verdadero carácter.

La globalización económica basada en la economí­a de mercado entre los diferentes paí­ses en un ámbito global es la forma que actualmente rige las relaciones económicas. Los partidarios de esta forma abogan que estas relaciones benefician a los paí­ses pobres por el comercio, mientras que sus detractores defiendes que los paí­ses ricos se benefician a costa de los pobres.

Independientemente de estas dos discusiones el verdadero carácter es que los paí­ses pobres se benefician relativamente y los ricos si son más ricos a costa de los pobres, por lo tanto los dos se benefician en parte pero la verdadera cuestión esta en la distribución de la riqueza que surge de esta relación, siendo desigual.

Por lo tanto este factor económico rige un papel fundamental en las relaciones entre paí­ses incluso entre los individuos y es sin duda el mayor defecto que se le puede achacar a la globalización. Esta desigualdad en la distribución de los beneficios entre los diferentes paí­ses trae consigo otros factores secundarios que van estrechamente ligados a la concepción democrática.

La aplicación de la democracia debe estar respaldada por un ambiente económico estable que la globalización económica no brinda. Los paí­ses ricos y democráticos estables no pueden pretender imponer la democracia en paí­ses con grandes conflictos sociales y polí­ticos en parte originados por la inestabilidad económica debida a la desigual distribución de los recursos.

Esta distribución desigual de los recursos provoca multitud de conflictos y deficiencias en las bases sociales y culturales de los paí­ses haciendo que las raí­ces democráticas no puedan arraigar sobre ellas, produciendo su fracaso.

La polí­tica actual se concibe de una forma global con la nueva aparición de las instituciones internacionales que intentan mantener un marco de entendimiento y control relativo sobre las actuaciones polí­ticas de los paí­ses.

Pero la forma económica provoca desigualdades entre los paí­ses lo que produce otro tipo de desigualdades a otros niveles. Por todo ello la democracia falla en la aplicación principalmente por estos desordenes y la ausencia de pilares fundamentales, y en segundo lugar por la creencia de los paí­ses de que es una imposición occidental a su cultura y forma de vida.

La esencia de este libro trata por lo tanto de la capacidad de las dos partes de este juego para encontrar un valor común para la defensa y aplicación de la democracia en su máxima expresión. Es un repaso histórico y actual de la actual pregunta sobre el fallo de las nuevas democracias, intentando desvelar algunos de los factores que influyen en este resultado.

La creencia de la imposición tanto de la cultura occidental como de las demás en que la democracia es un producto de occidente es errónea, ya que es el fruto de un largo proceso mundial y que se dio en varias culturas a la vez o en diferentes épocas sin ninguna influencia. Pero debido al desarrollo de la humanidad y la diferenciación de las culturas, la sociedad que antes gesto la idea democrática ahora la ve como una conquista de un paí­s que la atribuye como suya.

La otra gran cuestión es la paradoja de intentar construir un mundo democrático sin acabar con procesos que afectan a sus bases mismas y que producen diferenciación o limitación a los paí­ses, como ejemplo más destacable es la globalización económica. El objetivo del sistema económico es totalmente independiente del objetivo democrático pero estrechamente relacionado en sus consecuencias reciprocas. El resultado de ello es el fallo de la democracia en muchos paí­ses, por lo que mientras no se refunde las concepciones de estas ideas la democracia no será viable en todos los casos.

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