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Información | España | 11 junio, 2015 15:29

El ser humano tiende a reflexionar. La historia de la evolución nos ha enseñado que el motivo por el que hemos acabado siendo la especie dominante no ha sido otro que el crecimiento de nuestro cerebro; nuestro cerebro, en resumidas cuentas, nos ha permitido crear y utilizar herramientas primero simples y luego complejas; y, después, hemos sido capaces de erigir con dichas herramientas auténticas sociedades organizadas que han asegurado nuestra supervivencia convirtiéndola, de hecho, en puro acomodamiento. Después de eso, el crecimiento intelectual no se hizo de notar; y, con él, no solo nacieron los filósofos y genios más agudos de la historia, sino también las estructuras de poder dominantes más aterradoras del mundo.

Así pues, repito, la reflexión es una característica natural en el ser humano y es justamente la que nos transforma en seres pensantes, racionales. No obstante, las cosas sobre las que solemos pensar tienden a ser demasiado solemnes: política, religión, metafísica, sociedad, feminismo, etc. ¿Y dónde quedan los temas más mundanos? Muchos creen erróneamente que, como mundanos que son, no hace falta pensar demasiado en ellos, pero sí. Es más, ¿por qué hay que infravalorar el asunto de los sistemas de vigilancia, por ejemplo? ¿No es acaso la seguridad un tema importante? ¿Protegernos y proteger al prójimo no aseguran todavía más, de hecho, nuestra hegemonía y nuestro lugar en el mundo?

Comento esto porque me parece que soy la única persona que a la que le preocupa de verdad pensar que en las ciudades, o al menos en la mía -que es la que he tenido oportunidad de estudiar a fondo-, no hay suficientes alarmas en los hogares y, ni mucho menos, cámaras de vigilancia. Todos los días leemos robos y asesinatos en el periódico pero estamos tan acostumbrados a la violencia que lo vemos normal y no intentamos hacer nada para remediarlo. Bueno, pues yo sí, aunque solo sea buscando más información en sitios como http://www.seguridad100.com.

Nuestros antepasados sobrevivieron protegiéndose de los depredadores y de las inclemencias del tiempo. Ahora, nosotros debemos hacer lo mismo con las personas que nos rodean. Creo que es evidente.

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