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Opinión | ESPAÑA | 25 junio, 2013 17:06

A menudo, nos entregamos sexualmente a nuestras parejas en un desbordado acto lleno de pasión y placer para disfrutar de las mieles del sexo.

En ocasiones nos sube la líbido y situaciones que actúan dentro de nuestro ánimo como verdaderos afrodisiacos nos conducen a disfrutar del goce sexual. Todo esto esta muy bien para ir pasando día a día y de esta manera calmar la inquietud sexual de nuestro cuerpo, pero yo me pregunto si nos hemos parado a pensar alguna vez, el valor que tiene nuestro cuerpo, nuestra persona, para entregarlo así como así a otro congénere; la otra parte que disfruta junto a nosotros, valora realmente lo que le estamos entregando, y nosotros mismos valoramos a esa persona en la justa medida que nos entrega al unirnos en el acto sexual, yo me pregunto ¿es lo mismo hacer sexo, que hacer el amor?, yo pienso que no, pero vamos a profundizar un poco en este tema.

Sabemos que actualmente la sociedad admite con muy buen grado el llevar una vida algo promiscua como señal de fuerza, virilidad e incluso de más hombría a los hombres, mientras que para las mujeres de normal las señala y las sanciona con calificativos de lo más obscenos y degradantes; en ocasiones tanto que nos creemos que hemos avanzado y en ciertas cosas no adelantamos ni un mal milímetro, puesto que esta situación esta de esta guisa estancada desde siglos.

Bien, pienso que ni tanto ni tan calvo, lo que debemos de considerar es que las relaciones sexuales y los juegos eróticos  son innatas a nuestro ser y por lo tanto hemos de disfrutarlas con mucha más humanidad y comprensión de lo que lo hacemos en la actualidad; de seguro que nos iría mucho mejor.

Pensemos en una frase de todos oída y muchas veces pronunciada “el cuerpo es la morada del alma”, por tanto si estamos dispuestos y abiertos a que nuestro cuerpo sea profanado, al mismo tiempo estamos consintiendo en la profanación de nuestra alma y con ello nuestro propio ser.

Al practicar las relaciones sexuales, estamos entregando nuestro cuerpo a la otra parte para su disfrute, pues también a la par estamos entregándole nuestra propia alma, y en ocasiones alguno de nuestros secretos íntimos.

No caigamos en el puritanismo, el hecho de practicar el sexo, no es que este mal como un acto puramente fisiológico bajo el prisma de obtener placer sexual, pero somos verdaderamente conscientes de que pese a que nosotros podemos pensar así, la otra persona quizás en esos momentos de frenesí lo que esta haciendo es entregarnos sus sentimientos, mientras que para nosotros este momento es uno más de nuestros juegos eróticos.

Así pues el mero y simple hecho de practicar el sexo, es lo que definiríamos como hacer  sexo.

Sin embargo cuando practicamos sexo de manera en la que no solamente buscamos nuestro placer sexual a nivel individual, sino que nos importa más el disfrute del gozo en pareja, le damos más importancia a los distintos juegos para parejas, y a la sensualidad de la otra persona, es cuando sin darnos cuenta, estamos disfrutando del alma de la otra persona a través de su cuerpo, de sus caricias, de su sensualidad, en estos momentos, estamos haciendo el amor, puesto que por supuesto que nos amamos a nosotros mismos y buscamos el deleite sexual, pero al mismo tiempo también estamos pendientes de nuestra pareja y buscamos que también se deleite junto a nosotros del mismo placer al unísono. Te repito una y mil veces, esto es hacer el amor, ¿No es esto mucho más bonito?

Un verdadero beso, es un beso que le damos a la persona que amamos, mientras que si le damos un beso en los labios a alguien que no amamos, lo podemos considerar como un roce en los labios.

Existen miles de razonamientos para no practicar sexo, de seguro que si haces el amor gozarás mucho más y ten siempre presente que tendrás el añadido del afecto hacia la otra persona. Te garantizo que lo vas a disfrutar mucho más.

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