Exact matches only
Search in title
Search in content
Search in posts
Search in pages
Busca en categorías
Actualidad y Noticias
Aficiones
Amor y Pareja
Arte
Artículos Cientí­ficos
Automóviles
Baloncesto
Belleza
Blog Social
Ciencias Matemáticas y Tecnológicas
Cine
Conciertos
Cultura
Deportes
Educación
Electrónica
Electrónica General
Empresas
Familia
Fútbol
Gastronomí­a
Hogar
Humor
Internet
Mascotas y animales
Medio Ambiente
Motor
Música
Naturales
Negocios
Nuevas Tecnologí­as
Ocio
Otros
Polí­tica
Raqueta
Recetas
Restaurantes
Salud
Sociales y Jurí­dicas
Sociedad
Software
Viajes y Turismo
Videojuegos
Cerrar
¿Te está gustando el artículo de Juanka?

¡Compártelo!
Twitter
Facebook
Google
Linkedin
Información | Argentina | 1 febrero, 2011 17:18

Quizá todos conocemos lo mismo de Piazzolla. Que fue un gran bandoneonísta y que creó una forma nueva de hacer el tango. Que fue un gran estudioso de la música y llegó a un virtuosismo tal, que le deparó la fama mundial.

Lo que pocos saben es que se crió en la calle 8, que no era lo mejor de Manhattan, Estados Unidos. Hoy es un barrio bohemio, donde viven muchos pintores, músicos, artistas. Pero entonces el Greenwich era un distrito maldito. Al lado de su casa había una sinagoga, donde una noche de sábado en plena fiesta de un casamiento, mataron catorce o quince judíos. Vivía en medio de la bronca entre gangsters italianos, judíos e irlandeses.

Creció en medio de un clima de violencia y quedó marcado: fue  un peleador toda su vida, y hasta influyó en su música. Todo se va metiendo bajo la piel. Su papá Nonino, cuando Astor tenía cuatro años, allá por 1925,  levantó a su familia y emigró. Contaba don Astor que la primera imagen que tuvo de Nueva York fue la misma que tuvieron millones de inmigrantes: la Estatua de la Libertad.

Su papá se metió en la barbería de un tal Nicola Scabutiello, “un tipo muy simpático que a mí me adoraba, pero que era un mafioso.  Una vez un tal Jimmy quiso abrir una barbería en la misma calle Lafayette donde estaba la de Scabutiello, pero se la cerraron antes de que pudiera inaugurar: le pusieron la sandía y voló todo” contaba Lefty.

 

Así lo apodaban en las calles neoyorquinas: Lefty, es decir, Zurdito. Tenía un defecto en la pierna derecha y de pibe lo operaron cuatro veces. Cuando alguien le hacía alguna broma referida a su pierna, ahí nomás lo agarraba a las trompadas. Se juntaba con una barra grande en un arrabal de atorrantes y peleadores. Con él andaban Willy y Nicky, sus mejores amigos. Y también Jack La Mota, que llegó a ser campeón mundial de los medianos, John Pomponio que fue manager de grandes boxeadores y Joseph Campanella, que se convirtió en un famoso jugador de béisbol.

 

Con ellos se reencontró de grande, cuando fue a tocar a Estados Unidos. El resto de la barra, según le contaron, fue a parar en cana. “Yo pienso que podría haber terminado de manera parecida, a pesar de tener una madre y un padre magníficos, porque era muy camorrero, siempre iba el frente. Para todo tenía y tuve una enorme fuerza de voluntad, así que por ahí me hubiera dado por ser el mejor gángster de Nueva York,” escribía en sus memorias.

A los seis años lo habían echado de dos escuelas por peleador, la trompada del Zurdito se había hecho famosa. “Yo era violento, malo en serio.” Formaba parte de una barra muy fuerte, de italianos; se peleaban siempre con la barra de los judíos. Era la versión infantil de lo que pasaba entre los grandes. Los pibes no pasaban de las trompadas, pero había que tener agallas y a veces aguantar unas biabas terribles, porque el que escapaba, era considerado un cobarde.

A los nueve años sus padres decidieron volver a la Argentina. Cuando se estaba acostumbrando, retornaron a Nueva York. Su idioma natural era el inglés así que en la escuela le costaba responder y sus compañeros se burlaban, hasta que Lefty entraba a pegar y se terminaban las bromas.

De vuelta en Estados Unidos, se instalaron en la calle 9, la zona de la “Pequeña Italia”. Cerca estaban los polacos, los checoslovacos, los rumanos. Al llegar a la Segunda Avenida ya se encontraba a los judíos. Astor terminó sus estudios en el colegio Maria Aussiliatrice. A ese colegio iban los hijos de los gángters. Los domingos era obligatorio ir a misa e iban los “Padrinos” con su mejor cara de circunstancia: la ficción nunca superó la realidad.

Y a los 16 retornó definitivamente a nuestro país. Y se encontró con la música y con el bandoneón, pero sobre todo, con el tango. El resto de la historia se puede encontrar en sus discos.

¿Te ha gustado el artículo de Juanka? ¡Compártelo!

1116 visitas totales, 1 visitas hoy

0.0566% de visitas totales y 0.3663% de visitas hoy en MyArticulo

  

¡Vaya! de momento Juanka no ha escrito más artículos

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para personalizar el contenido y los anuncios además de para ofrecer funciones de medios sociales y para analizar el tráfico. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de la política de cookies, pinche el ENLACE para mayor información.

ACEPTAR